poesia, poesias, poesia corta, poesias cortas, poetas, poemas

viernes, 29 de noviembre de 2013





DE ESAS TRES COSAS


Dame tregua, tiempo, dame tregua,
no me apresures a pensar
pasa más lento.
Detén un poco tu paso
y dame un respiro...
no me apures, no quiero perder
espacios ni silencios.
Dame tregua, tiempo, dame tregua,
se me vienen los años
y aún me falta escribir un libro,
tener un hijo... tú sabes,
de esas tres cosas...
solo el  árbol me creció,
el libro ya está  en camino,
para el hijo falta el amor.

Teresa Aburto Uribe

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Ahora que te quiero 

Ahora que te quiero
ahora que te quiero todavía,
ahora que te espero,
ahora, amada mía,
burbuja de deseo, 
melodía real como soñada
que bailas fantasia en el vacío,

amada, amada, amada,
jardín de luz sombrío,
tangible como estatua de rocío,

Quisiera que el olvido,
sicario de la muerte vaporoso,
tu ser tan conocido,
me hiciese nebuloso
vacío, borrado, neblinoso.

Quisiera así olvidarte,
quisiera así poder desconocerte,
quisiera así velarte,
poder desvanecerte,
para poder volver a conocerte.

MARC SIL 

martes, 26 de noviembre de 2013

Borracho y sobrio




Borracho y sobrio 

Un huésped reside en mí,
nuestros intereses no son 
completamente los mismos.

Uno de nosotros está borracho,
el otro está siempre despierto.

Despierto y sobrio
nos reímos el uno del otro,
y no comprendemos el mundo del otro.

  Propiedades y convenciones
qué tontería seguirlas muy seriamente.

Sé orgulloso, no estés involucrado,
entonces te acercarás a la sabiduría.
Escucha tú, viejo borracho
cuando el día muere
enciende una .


lunes, 25 de noviembre de 2013

A ese hombre





A ese hombre           

Pienso en ese hombre que besa como si el mar fuera a desbordarse, 
que siembra su sonrisa en mi piel con la altivez de la espiga, 
que dibuja mi soledad sobre la niebla.
Pienso en ese hombre, dócil a mis ojos, fiel, pleno, íntegro.
En su vuelo humedecido sin tiempo y sin espacio
Como primavera sobre el trigo del otoño
Pienso en ese hombre que inventa soles, aguas de seda al tacto
y una verdad sencilla para amarme.
Ese hombre cierto, inconstante, mío.
En el callado temblor de sus latidos, 
en sus ojos de oscuros desafíos.
 Pienso en ese hombre que me espera con dulce arrobamiento.
En su cabello de trigo que me inunda en un pleamar de pétalos y
trinos.
Ese hombre:
Sol salvaje, río de música y silencio, pájaro en el alba.
Pienso en ese hombre y hay aroma en la música y color en el
aroma, claveles recién abiertos y flores niveas en mis sueños.



Yanira Soundy

domingo, 24 de noviembre de 2013




A Leonor 

Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»

Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!
Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos… Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.

Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!

Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas…
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!




Amado Nervo

sábado, 23 de noviembre de 2013



Bebiendo Solo A La Luz De La Luna 

Entre las flores, un tazón de vino

bebo solo, ningún amigo está cerca.

Levanto mi Copa, invito a la Luna

y a mi sombra, y ahora somos tres.

Mas la Luna nada sabe de bebidas

y mi sombra se limita a imitarme,

pero así y todo, Luna y sombra serán 

mi compañía.

La primavera es época propicia para 

el goce.

Canto y la Luna prolonga su 

presencia,

bailo y mi sombra se enreda.

  Mientras me mantengo sobrio, 

somos alegres juntos,

cuando me embriago, cada uno 

marcha por su lado

jurando encontrarnos en el Río de 

Plata de los Cielos.



Versión de Luis Enrique Délano

viernes, 22 de noviembre de 2013

A un poeta muerto



A un poeta muerto

Así como en la roca nunca vemos
La clara flor abrirse,
Entre un pueblo hosco y duro
No brilla hermosamente
El fresco y alto ornato de la vida.
Por esto te mataron, porque eras
  Verdor en nuestra tierra árida
Y azul en nuestro oscuro aire.
Leve es la parte de la vida
Que como dioses rescatan los poetas.
El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.
Triste sino nacer
Con algún don ilustre
  Aquí, donde los hombres
En su miseria sólo saben
El insulto, la mofa, el recelo profundo
Ante aquel que ilumina las palabras opacas
Por el oculto fuego originario.
La sal de nuestro mundo eras,
Vivo estabas como un rayo de sol,
Y ya es tan sólo tu recuerdo
Quien yerra y pasa, acariciando
El muro de los cuerpos
Con el dejo de las adormideras
Que nuestros predecesores ingirieron
A orillas del olvido.
Si tu ángel acude a la memoria,
Sombras son estos hombres
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;
La muerte se diría
Más viva que la vida
Porque tú estás con ella,
Pasado el arco de tu vasto imperio,
Poblándola de pájaros y hojas
Con tu gracia y tu juventud incomparables.
Aquí la primavera luce ahora.
Mira los radiantes mancebos
Que vivo tanto amaste
Efímeros pasar junto al fulgor del mar.
  Desnudos cuerpos bellos que se llevan
Tras de sí los deseos
Con su exquisita forma, y sólo encierran
Amargo zumo, que no alberga su espíritu
Un destello de amor ni de alto pensamiento.
Igual todo prosigue,
Como entonces, tan mágico,
Que parece imposible
La sombra en que has caído.
Mas un inmenso afán oculto advierte
Que su ignoto aguijón tan sólo puede
Aplacarse en nosotros con la muerte,
Como el afán del agua,
A quien no basta esculpirse en las olas,
Sino perderse anónima
En los limbos del mar.
Pero antes no sabías
La realidad más honda de este mundo:
  El odio, el triste odio de los hombres,
Que en ti señalar quiso
Por el acero horrible su victoria,
Con tu angustia postrera
  Bajo la luz tranquila de Granada,
Distante entre cipreses y laureles,
Y entre tus propias gentes
Y por las mismas manos
Que un día servilmente te halagaran.
Para el poeta la muerte es la victoria;
Un viento demoníaco le impulsa por la vida,
Y si una fuerza ciega
Sin comprensión de amor
Transforma por un crimen
A ti, cantor, en héroe,
Contempla en cambio, hermano,
Cómo entre la tristeza y el desdén
Un poder más magnánimo permite a tus amigos
En un rincón pudrirse libremente.
Tenga tu sombra paz,
Busque otros valles,
Un río donde del viento
Se lleve los sonidos entre juncos
Y lirios y el encanto
Tan viejo de las aguas elocuentes,
En donde el eco como la gloria humana ruede,
Como ella de remoto,
Ajeno como ella y tan estéril.
Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.



Luis Cernuda